domingo, 9 de febrero de 2020

¿Quién dijo miedo?

Hay muchas cosas que me dan miedito: las pelis de terror, nadar, volar,  entre otras. Lo de las pelis de terror, pues depende de la peli. A veces me voy repitiendo a mí misma, sin parar, que sólo es una peli, y consigo ver algo; lo de nadar es por un percance que tuve, ya adulta, y ahora me agobio un poco cuando salgo de mi zona de confort. Lo de volar... Se conjugan varias cosas. Era el miedo a lo desconocido y a lo inculcado por una familia sobreprotectora ante cualquier mínima posibilidad de catástrofe. Esto lo estoy superando sobre la marcha: si no vuelo, no voy ni veo lo que quiero. Me voy a perder partes de un mundo maravilloso, así que hago terapia de choque y allá que vamos.
Otro de mis mieditos es al fracaso, y es que los "por si sale mal..." son muy poderosos: "gracias" a este me he perdido una cantidad de exámenes inmensa, pero sobre todo,  el miedito al fracaso más grande era al hacer pan.Hasta hace poco y después de muchos intentos frustrados,  hacer pan era como buscar el eslabón perdido. Pero sólo hasta hace poco. En mi afán de superación me he comprado un montón de libros, he visto cientos de vídeos y nada, no había forma de conseguir un resultado decente. Normalmente no salía ni con un aspecto apetecible, ni con una consistencia adecuada, de hecho podía haber  usado ese pan como arma arrojadiza, de lo duro que salía.
Mi mundo ha cambiado, soy una persona nueva, y todo por el simple hecho de haber encontrado "la receta" para hacer pan de una forma sencilla y con unos resultados que no imaginaba.
Tipos de pan hay muchos, al igual que recetas. Trabajar una masa de pan no es fácil, y  pretendía hacerlo perfecto a la primera de cambio, sin tener ni idea. La verdad es que la juventud es osada, y no me daba miedo experimentar una y mil veces, pero con los años, además de ganar en paciencia, he ganado en prudencia y hasta no estar medianamente segura del posible resultado, no he querido volver a intentarlo.

Ahora es muy fácil porque te venden pan hasta en una gasolinera, aunque de dudosa calidad, pero  hasta hace unos años, y no me voy muy atrás en el tiempo, el pan se hacía en casa.  Recuerdo a mi abuela relatar cómo hacían el pan y luego lo ponían todo en una tabla y lo llevaban hasta el horno del pueblo para que allí lo cocieran. En esos tiempos daba igual si no les salía bien, no desistían hasta que lo conseguían porque si no,  no comían. No como yo que he estado muchos años evitando el temible resultado catastrófico. A mí realmente me daba igual porque sólo tenía que cruzar la calle para adquirir una barra de pan, pero antes lo tenían que hacer sí o sí.
Después de tantos años en barbecho,  ya era por amor propio, y después de enfrentarme a las masas fermentadas como las de los rollos de canela o el panettone, pensé que el siguiente paso era el pan. Mi temida asignatura pendiente.
La verdad es que fue por casualidad. Buscando una receta, que haré más adelante, me encontré con un vídeo de Xavier Barriga, un conocido y reputado panadero, que además ha publicado varios libros (tengo dos de ellos), y alma máter de Turris. Pues bien, vi un vídeo sobre cómo hacer pan, de forma más o menos sencilla y de este pasé a otro vídeo, de otro gurú panarra, Iban Yarza, y ahí fue donde se me cayeron los palos del sombrajo.  Por fin encontré LA RECETA que, a priori, me serviría de redención para conmigo.
Dicho y hecho, tenía en casa los ingredientes y el tiempo de cara. Lo hice, conteniendo el aliento en todo momento, con el alma en vilo, mientras se producía la "temida" fermentación y el "angustioso" horneado.  Y una vez tuve en mis manos el deseado resultado, en mi cabeza hice el triple salto mortal, con doble tirabuzón.
¿Cómo puede algo tan insignificante, en cuanto a valor económico se trata, dar tanta satisfacción a nivel personal?
Pues así es, esto para mí era y es, hacer pan.
Habré hecho cientos de tartas, bizcochos, pasteles, pero nada tan satisfactorio  y gratificante para mi alma como el pan.
Esta receta que os propongo es  de mi nuevo Maestro Jedi panarra, Iban Yarza.

PAN fácil, para perder el miedo

Ingredientes:
- 1/2 kg de harina de trigo
- 325 gr de agua
- 6 gr de levadura fresca o 2 gr de levadura seca
- 10 gr de sal
- semillas

Elaboración:

Ponemos todos los ingredientes en un bol



Y sin miedo, comenzamos con el "fresado" o mezcla de los ingredientes


Es importante que se integren bien todos los ingredientes. El resultado será una masa un tanto pegajosa, pero es así. Si fuera seca y no se nos pegara, el resultado sería un mazacote.
Una vez lista, debemos hacer unos pliegues: esto es coger una parte de la masa por el extremo y plegar hacia el centro. Así cinco veces.


Cubrimos el bol y lo dejamos reposar 15 minutos. Durante este corto espacio de tiempo la masa se relajará y cambiará de aspecto y textura.


Es impresionante, pero deja de tener esa textura tan pegajosa. Volvemos a hacer cinco pliegues, como antes y volvemos a cubrir y dejar reposar otros 15 minutos.


Pasados estos últimos quince minutos, nuestra masa ha cambiado de aspecto por completo. No se adhiere, casi a nuestras manos.
Podemos hacer esto alguna vez más.

Con esas series de cinco pliegues y reposos de quince minutos se consigue una masa suave y elástica.



Volvemos a hacer esos cinco pliegues y cubrimos con un film y lo dejamos reposar en la nevera 24 horas.



Tras 24 h en la nevera nuestra masa habrá crecido y adquirido cuerpo.
Es el momento de precalentar nuestro horno a 250°C. Además debemos hacerlo con una bandeja puesta en el centro y una fuente metálica en el fondo del mismo.


Enharinamos la mesa y con mucho cariño depositamos ahí la masa. La estiramos con delicadeza.


Con una espátula o cuchillo de sierra dividimos la masa en dos



Para adherir las semillas es necesario humedecer un paño, limpio, de cocina y colocamos una de las piezas sobre él.


Ponemos las semillas sobre un papel de cocina o fuente alargada


Y colocamos encima una de las piezas


Pasamos la masa con las semillas a un papel de hornear.
Para darle un "toque", podemos girar los extremos. Yo lo he hecho con una de las piezas.



Es el momento de introducirlo en el horno. Depositamos las masas sobre la bandeja que estaba en el horno y vertemos un vaso de agua sobre la fuente o bandeja que teníamos en el fondo.
Esto creará un vapor que hará que nuestro pan tenga una rica y crujiente corteza.
En este momento, paramos el horno y 10 minutos más tarde, lo volvemos a encender a 200°C y horneamos unos 25 minutos. Transcurrido ese tiempo ya estará cocido, pero si queremos que se dore, debemos dejarlo otros 15 o 20 minutos más. Pasado este tiempo  podemos apagar el horno y dejar el pan unos minutos más o bien sacarlo y depositarlo sobre una rejilla para que se enfríe.



El peor momento es tener esta maravilla y no poder hincarle el diente.




Al abrirlo se aprecian esos agujeros o "alveolos", fruto de la fermentación.


Cuando abrí el pan y lo probé, casi se me saltaron las lágrimas de la mayor de las felicidades.
Tanto tiempo rehuyendo por miedo, y resulta que sólo me faltaba encontrar a la persona adecuada, que tuviera la RECETA adecuada, pero sobre todo, tan bien explicada. Aquí os dejo el enlace del vídeo donde lo vi. Es de Las recetas de MJ.


Después del éxito del pan de semillas fui disparada a experimentar así que en la siguiente sustituí 150 gr de harina normal por  integal, de la receta original, y me vine arriba.... En lugar de dos panes, hice una hogaza.  El resultado aquí abajo.



En esta ocasión, después de "bolear" la masa, la dejé fermentar una hora y le hice unos cortes... Me la jugué del todo.




Este pan resulta un poco más denso debido a la harina integral, pero el sabor es muy bueno. Incluso mejor que en muchas panaderías...




Y con un poco de AOVE, está impresionante.


Yo sigo experimentando y me he comprado un banetón. Es una especie de molde de mimbre o ratán que se usa para que leve la masa, ya formada, antes de hornear. Ya  se lo que estáis pensando, que me he vuelto loca o he sido poseída por el espíritu de Lionel Poilâne, pero realmente me da tanto placer hacer esto que estoy deseando acabar la jornada laboral, para meterme entre harinas y experimentar, y sobre todo, perder ese miedo a hacerlo mal.
Esto no es una ciencia exacta, sino que las masas varían según las harinas, las temperaturas, las caprichosas levaduras, por tanto  cada masa es diferente y hay que llegar a "entenderla" y eso se consigue sólo con práctica y tenacidad, y en ello estoy.


Este es el banetón. Se enharina y se pone la masa a fermentar.






La puse sobre la mesa e hice unos cortes


La trasferí a un molde de pizza



Y este fue el resultado. Impresionante, ¿Verdad?


Llevo dos semanas sin comprar pan. Ahora lo hago en casa


Y no puedo ser más feliz.



Estoy deseando que llegue mi comida preferida del día: el desayuno, para tomar unas tostadas estupendas, con un pan de verdad, hecho por mí.


Si ya habéis hecho pan y os sale bien, me entenderéis; si nunca habéis hecho y lo queréis hacer, ved ese vídeo. Os enganchará, os hará perder el miedo. Vedlo varias veces si lo creéis necesario, tomad cuantas notas necesitéis, pero hacedlo, por favor. Aunque sea solo una vez. Sentir el poder de la harina, el agua y la levadura y la magia del tiempo.

Desde mi inmensa felicidad por haber conseguido hacer pan y por tachar ese miedo de mi lista de "por si sale mal",  me despido hasta la siguiente receta...

¡¡¡Bon profit!!!

2 comentarios:

  1. Que maravilla,me han entrado unas ganas tremendas de ponerme manos a la masa. Tiene una pinta tremenda. Enhorabuena.

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    Respuestas
    1. Te animo a que lo hagas. El resultado es increíble, para el poco esfuerzo que requiere.
      Gracias ��

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